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Los lunares y pecas se deben a una alteración genética que conlleva a un incremento en el número de melanocitos o células encargadas de dar color a la piel.
- Su forma, tamaño y número son variables y pueden estar presentes desde el nacimiento –denominados congénitos- o aparecer en cualquier momento de la vida –llamados adquiridos-.
- El aspecto de los nevos y pecas puede sufrir modificaciones a lo largo de la vida, pero hoy día se sabe que la exposición solar puede ser responsable de tales cambios.
- Otros factores que pueden modificarlos son los rayos UVA, los tratamientos y los cambios hormonales –anovulatorios, pubertad y embarazo–. Se ha observado que algunos lunares o pecas pueden transformarse en un tumor maligno –melanoma maligno-.
- Es aconsejable una revisión periódica de todas las lesiones, pero especialmente de los nevos –lunares- congénitos grandes, los nevos displásicos o atípicos –borde irregular, polícromo y de diámetro superior a los 6 mm; así como de aquellos pacientes con muchas lesiones (>100). El examen sistemático de los lunares y pecas mediante una lupa se denomina epiluminiscencia de superficie o dermatoscopia.
- Aquellas lesiones identificadas con un riesgo mayor de transformación deben ser extirpadas quirúrgicamente y analizadas microscópicamente para descartar la presencia de células malignas.







